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QUIEN SOY
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Soy Arlequín

Durante muchos años viví una vida como la de casi todos: trabajando sin pausa, intentando encajar, luchando por salir adelante en una sociedad que me exigía más de lo que yo podía sentir como propio. Había días en los que, aun cumpliendo con todo, tenía la sensación de estar desconectado de mí mismo, moviéndome por inercia, llevando una vida que no me pertenecía del todo.

Y entonces, un día cualquiera, mientras trabajaba, ocurrió algo que cambiaría mi vida para siempre. No fue un momento espectacular ni una iluminación mística. Fue más bien un recuerdo… un reconocimiento interior. Como si de pronto hubiera recuperado algo que siempre estuvo ahí, esperando.


Recordé quién era. Recordé mi origen, mi propósito, mi manera de estar en el mundo.

Y con ese recuerdo vino una certeza: no podía seguir viviendo la vida que estaba viviendo.

Así que tomé una decisión radical, pero profundamente honesta. Dejé atrás todo lo que conocía. Me despojé de pertenencias, de rutinas, de condicionamientos, y comencé un camino completamente nuevo: una vida errante, sencilla, libre. Una vida de vagabundo.

Durante seis años caminé por distintos países de Europa, viviendo en las calles, compartiendo techo con el cielo y aprendiendo de cada lugar, de cada persona y de cada silencio.
 

Fueron, sin duda, los mejores años de mi vida.


Años en los que entendí lo que significa vivir sin máscaras, sin personajes, sin obligaciones que no nacen del alma. Años en los que pude sentir de verdad lo que es la libertad: la interna, la que no depende de nada externo.

En ese tiempo descubrí algo que marcó mi camino: las historias que llevaba dentro podían ayudar a otros.

Porque en cada conversación con desconocidos, en cada encuentro casual, aparecía el mismo hilo conductor: todos cargamos patrones, memorias y condicionamientos que nos alejan de nuestra esencia. Y cuando compartía mis reflexiones, mis vivencias y mis aprendizajes, algo en esas personas se abría, se ordenaba, se aliviaba.

Con el paso del tiempo empecé a escribir, a grabar pensamientos, a compartir fragmentos de este camino interior en redes sociales. Lo hice sin pretensiones, simplemente siguiendo el impulso de ofrecer lo que tenía para dar.

Para mi sorpresa, la respuesta fue inmensa.


Personas de distintos países comenzaron a resonar con mis palabras, a agradecer, a escribir, a pedir más.
Y comprendí que había llegado el momento de crear algo más profundo y más estructurado: un espacio donde pudiera acompañar a quienes buscaban claridad, dirección y libertad interior.

Así nacieron los talleres que hoy imparto.


Talleres que no pretenden “sanar” a nadie, sino ofrecer un lugar honesto para mirar hacia adentro, reconocer patrones y recordar el orden interior que a veces olvidamos.

Lo que empezó como un camino solitario se convirtió en un propósito compartido.


Hoy acompaño a cientos de personas en procesos de introspección, y sigo haciéndolo con la misma humildad que tenía cuando dormía bajo un puente o caminaba sin rumbo aparente: con la certeza de que todo tiene un sentido cuando se vive desde el centro.

Mi compromiso

Mi compromiso

Estos talleres están diseñados como espacios de experiencia y recepción consciente. No son sesiones participativas ni dinámicas grupales: son recorridos guiados donde la palabra, el ritmo y el silencio cumplen una función precisa.

 

Mi compromiso no es dialogar contigo, sino crear un marco claro, seguro y profundo para que puedas escuchar, observar e integrar desde tu propio espacio.


El trabajo ocurre en ti. Yo sostengo la estructura.

Este compromiso se apoya en tres principios fundamentales:

Dirigir la atención hacia el interior, más allá de lo evidente. Sin esfuerzo, sin interpretación,

sin interferencia.

Sostener la experiencia a través de una estructura clara. Ritmo, secuencia y palabra al servicio de un proceso continuo y sin interrupciones.

Cada persona integra la experiencia desde su propio ritmo. Sin interpretaciones externas, sin promesas, sin dependencia.

¿Por qué hago estos talleres?

¿Por qué hago estos talleres?

Hago estos talleres porque, en mi camino, descubrí que compartir lo vivido tiene un efecto real: despierta algo en otros.


Mis años en la calle, mis viajes, mis silencios y mis encuentros me enseñaron que todos llevamos memorias, fractales y patrones que buscan ser comprendidos.

Cuando empecé a hablar de ello, vi cómo personas de distintos lugares se reconocían en mis palabras.
Y entendí que no estaba compartiendo mi historia: estaba abriendo un espacio para que cada uno reconociera la suya.

Hago estos talleres porque creo profundamente en la libertad interior.


Porque he visto cómo cambia una persona cuando encuentra orden en su caos.
Porque sé que, cuando alguien comprende por qué repite lo que repite, se libera de una carga que llevaba años arrastrando.

Y, sobre todo, hago estos talleres porque siento que este es mi propósito: acompañar a quienes desean recordar su centro y recuperar su claridad.

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